Nosotros

Los Siervos de las Bodas del Cordero somos una Comunidad fraterna que el Espíritu Santo fue suscitando desde 1997 a través de nuestros iniciadores, el Padre Miguel Angel Di Cosmo SBC y el Padre Eduardo Silio SBC, y de decenas de laicos, entre ellos algunos consagrados y consagradas, quienes sintiendo en su corazón esta llamada del Señor hicieron de sus vidas una ofrenda a Él para servirle en los tres propósitos específicos.

¿Cuándo surgió esta Comunidad?

Naturalmente, todo esto llevó años de discernimiento, de acoger dócilmente las manifestaciones del Espíritu Santo y de poner en comunión todas esas cosas con el Obispo Luis Stöckler quien desde mayo de 2007 ha nombrado a uno de sus vicarios para que nos acompañase en este proceso de aprobación de parte de la Iglesia local. El  6 de agosto de 2011  nuestro Obispo Luis Stöckler firmó un decreto por el cual promueve la aprobación pastoral de nuestra Comunidad, por el término de dos años.

Nuestro actual Obispo, Carlos José Tissera, ha firmado un decreto de reconocimiento pastoral de la Obra y renovación por dos años. (fecha del mismo: 2 de septiembre de 2013). A lo largo de estos años, en comunión permanente con nuestros Pastores, hemos recibido su acompañamiento y han renovado cada dos años el decreto de reconocimiento, El último, a la fecha, es del 2024.

¿Quiénes integran esta Comunidad?

La integramos, además de sus Iniciadores, laicas y laicos consagrados, matrimonios, adultos y jóvenes. Todos somos discípulas y discípulos de Jesús, y lo servimos en las parroquias, en grupos de oración, en ministerios, en pequeñas comunidades, en ciclos de enseñanzas y talleres, en retiros espirituales, servicio de acompañamiento espiritual, en misiones de evangelización  en los barrios, adoración y oración en lugares públicos (plazas, parques) etc.

Después de prepararnos convenientemente, todos  hemos profesado nuestra ALIANZA FRATERNA, en la cual nos hemos comprometido delante de Dios a honrar un pacto de comunión entre nosotros basado en el Mandamiento Nuevo y a servir al Señor, para su máxima gloria, en la extensión de su Reino.